sábado, 26 de diciembre de 2015

Goodbye 2015.

A falta de 5 días para decirle adiós una vez más a otro año que se va para siempre, a otra etapa que se cierra, a otros momentos que aunque no se repetirán jamás, quedarán siempre en el recuerdo.
Este año, me enorgullece decir que por primera vez he cumplido los 3 propósitos que me propuse cuando dieron las 12 el 31 de diciembre del 2014, para mí este año ha sido sin duda, de los más intensos de mi vida, lleno de mil momentos increíbles, de un verano inolvidable y de personas que me han aportado felicidad y me han llenado el corazón de amor y cariño.
He conocido al amor en primera persona, lo he vivido con sus subidas y bajadas, he aprendido, he madurado, me he caído mil veces y me he levantado mil y una, he experimentado sensaciones que nunca había sentido y que espero seguir experimentando, he vivido adrenalina, me he sentido libre y no he querido dejar de sentirme así nunca.
He llorado, de felicidad y de tristeza, de rabia y de frustración, he gritado, me he reído hasta que no podía más, he luchado hasta el final y he perseguido mis objetivos con constancia y ambición. No me he dejado influenciar por nadie y he seguido teniendo las ideas claras. He cambiado, sí, he crecido y madurado, he cambiado mi manera de ver ciertos aspectos de la vida, he aprendido que la vida da muchas vueltas pero solo las personas que valen la pena las dan contigo.
He aprendido que las mejores cosas de la vida son las que pasan sin esperarlas ni planificarlas, que hace falta hacer locuras para sentirse vivo y que quiero vivir mi adolescencia al 200% porque nadie la va a vivir por mí.
He aprendido a tratar con el amor y a mantener amistades, he luchado por lo que quiero, (como siempre he hecho) y me he levantado con ayuda o sin ella.
Me he frustrado, sí, me he ahogado en mi propio vaso de agua y me he dejado la piel en todo aquello que me valía la pena. He abrazado con intensidad después de haber echado mucho de menos, he sufrido por la distancia y por lo que no es la distancia, he besado, he dado más abrazos sinceros espontáneos y en el momento, he fortalecido la relación con mi mejor amiga, con mi mejor amigo, y con muchas personas importantes, he cuidado de mis amigos, he cantado por la calle a pleno pulmón, he sido feliz y he sido una desgraciada, he demostrado, me han demostrado, he aprendido a valorar todavía más los pequeños detalles de la vida y he conocido a gente nueva que me llevo de este 2015.
Dicho esto, me despido de este gran año y digo hola al 2016, que espero que sea otro gran año y cumpla con todas mis expectativas como ha hecho el que dejamos atrás.
Empezaré a pensar en mis próximos propósitos a cumplir...


martes, 22 de diciembre de 2015

Un día pasa.

Un día pasa.
Pasa que vuelves. Así, sin más. Pasa que regresas e intentas volver a abrirte paso entre mis esquemas, que intentan volver a reconstruirse sin tu ayuda. Pasa que me miras. Pasa que clavas tus ojos en mí y sonríes. Una sonrisa indescifrable, pero, que sin ninguna explicación, une cada uno de los pedazos de mi corazón que se habían roto. Me recompones. Me abrazas. Me besas, y todo lo que había perdido el color vuelve a cobrar vida en mi interior. Y de nuevo ese miedo, ese miedo a perderte. Ese que con solo pensarlo se me revuelve todo, porque ahora que has vuelto no me imagino volver a verte marchar. No me imagino dejar de amanecer contigo al lado. Dejar de despertarte con un puñado de besos mientras te envuelves entre las sábanas poniendo esa voz de niño que tanto me gusta. Dejar de sacarte sonrisas tontas y miradas cómplices. Dejar de ver un millón de películas sin terminar.
No me imagino dejar de pasar las horas muertas en tu cama, o en la mía, durmiendo la siesta o al menos intentándolo, haciéndote cosquillas hasta que me amenaces diciéndome "me enfado" cuando los dos sabemos que jamás lo harías. Dejar de ir juntos al cine, paseando de la mano por la calle. No me imagino que no vuelvas a jugar conmigo a lanzarme palomitas mientras te las devuelvo, o a que dejes de dármelas tú porque aunque te diga que no quiero te empeñas en que tengo que comer.
No me imagino dejar de hacer tortitas para desayunar a las 2 de la tarde y que se quemen porque no tienes ni idea de poner el fuego en condiciones. Y que luego me eches la culpa y me lleves en coche al pueblo de al lado a comer a las 5 de la tarde.
Jamás podría dejar de contar los días que me quedan para verte, ni de darte las buenas noches antes de irme a dormir teniéndote en mente, ni de pensar cada día lo mucho que significas para mí.
Un día pasa que llega esa persona y te engancha.
Entonces estás perdido.
O quizás no.
Quizás acabas de encontrarte.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Mi más bonita casualidad.

Y es entonces cuando empiezas a poner en duda eso que dicen de que la distancia separa cuerpos y no corazones, y empiezas a pensar que tal vez el que se separen cuerpos, hace que se distancien los corazones. Que no me arrepiento de nada de lo vivido contigo, que me has dado momentos únicos, momentos inolvidables, momentos que nunca voy a experimentar de la misma manera porque dicen que las cosas solo ocurren una vez. Que hiciste infinito mi límite y por ello te doy las gracias. Te doy las gracias porque me has hecho más libre, porque me has hecho sentir cosas que jamás había sentido, porque contigo he vivido sensaciones que nunca había vivido.
Te doy gracias porque has sido el ying de mi yang. Porque llegaste a poner mi mundo patas arriba, porque lo revolviste y lo desordenaste todo. Porque rompiste todos mis esquemas para construir unos nuevos todavía mejores a mi lado, a pesar de que ahora los hayas vuelto a destruir. Te doy gracias y siempre lo haré porque gracias a ti hay un antes y un después. Porque has aguantado lo inaguantable, porque me has querido y me has valorado, porque me has cuidado y me has hecho sentir especial, porque me has hecho reír como nadie y me has secado las lágrimas cuando estaba llorando, porque no te ha hecho falta preguntarme qué me pasaba cuando estaba mal, simplemente me has abrazado muy fuerte haciendo que sientiera tu calor. Ese calor que desprendes y nunca se va aunque estemos a -10º bajo 0.
Te doy las gracias por haberme dejado conocerte y haber estado dispuesto a conocerme a mí. Por haberme mostrado todas tus facetas y haberme dejado mostrarte las mías. Por haber sido la calma de mis mareas y el arcoiris de mis tormentas. Por haberme dicho un te quiero antes de irte a dormir, o a cualquier hora del día que te naciera decírmelo. Te doy gracias por haber vivido mis victorias y mis derrotas, por haber creído en mí cuando ni yo misma lo hacía. Te doy gracias por haber aparecido en mi vida aunque sea el momento de decirte adiós, de aceptar que probablemente siempre seremos dos personas que se quieren y no pueden estar juntas, y no te imaginas lo que me duele porque ojalá no fuese así.
No olvides que fuiste, eres y siempre serás, con tus fallos y tus victorias.
Pase lo que pase y le pese a quien le pese, mi más bonita casualidad.
 

domingo, 18 de octubre de 2015

"Chico conoce a chica. Chica conoce a chico. No se pueden encantar más. Ella de una punta, él de la otra. El mundo les dice que están locos, que como van a viajar tanto. Que esas cosas nunca salen bien, que todo serán cuernos e infidelidades. Que lo van a pasar mal. Lástima que no ven sus sonrisas cada vez que se escuchan por teléfono. Mensajes. Llamadas de Skype antes de dormir. Las prisas para hacer la maleta, y joder, cómo se abrazaban en la estación. Y no se vieron las lágrimas más sinceras que las de sus despedidas. Hacen planes para estar juntos cada día, se dedican canciones desde lejos. Bailan en la cama cuando se reunen. Y aunque saben que seguramente, (o no) un día se acabe, más vale intentar algo que te emociona, que arrepentirse de por vida de no haberlo intentado."



sábado, 3 de octubre de 2015

Te quiero.

Finalmente, me he dado cuenta de que te quiero, pero no es un te quiero normal y corriente como los que se dicen en las películas, o los que se dicen en los momentos de tensión en los que estás a punto de perder a esa persona, no es un te quiero de los que se dicen todas las noches por costumbre antes de despedirte, tampoco es un te quiero para casarme contigo o vivir treinta vidas a tu lado, todavía somos jóvenes. 

Mi te quiero, es un te quiero de esos que mantendrán su intensidad todo el tiempo que dure, incluso después. Es un te quiero tan denso como el aire que respiro cuando no estás conmigo, es un te quiero de esos que se dicen de vez en cuando, pero los sientes de verdad, con el corazón. Es un te quiero que dice que no sé si viviría treinta vidas a tu lado, pero no me importaría revivir treinta veces cada momento junto a ti. Es un te quiero mezclado con un toque de locura, un te quiero que lleva inyectada la adrenalina que recorre mi cuerpo cuando pienso en ti. Un te quiero de los que se dicen cuando no me importaría dormir cada noche en tus brazos ni despertarte con un beso en los labios cada mañana. Un te quiero más fuerte que todo el metal del mundo, inquebrantable e infranqueable, capaz de superar huracanes, tsunamis, y los kilómetros que nos separan. Puede que no sea un te quiero de los que se dicen en las películas de amor, pero yo me siento en una de ellas cuando te oigo pronunciarlo.

No es un te quiero que prometa un para siempre, eso está demasiado visto y demostrado que nunca se cumple, es un te quiero que promete no apagarse mientras estés conmigo, ya sea a km's o a cm's de mis labios. No es un te quiero que llega de repente golpeándote en la cara de la noche a la mañana, es un te quiero que ha ido cultivándose día tras día después de un intenso flechazo. Como ya he dicho, no se trata de un te quiero que se dice en los momentos de tensión, es un te quiero que se dice en todos los momentos posibles.


No puedo prometerte un para siempre, pero sí prometo que te querré siempre pase lo que pase, incluso si no estás conmigo y sea de intensidad diferente, porque tú llegaste a mi vida por sorpresa y permaneces en ella haciéndola un poquito mejor día sí y día también. Por ello te doy las gracias y te prometo de nuevo que mis ganas de verte son más grandes que la distancia que nos separa.
Y yo jamás prometo en vano.


jueves, 3 de septiembre de 2015

Freedom.

Y de repente pasa.
Pasa que quieres retroceder en el tiempo o simplemente pararlo para permanecer en el sitio en el que estás, pasa que empiezas a cuestionarlo todo, que empiezas a responder a tus propias preguntas que hace un tiempo no tenían respuesta. Pasa que comienzas a dudar de los demás, de ti misma, que dejas de creer en la magia, en lo imposible... y te vienen a la mente preguntas nuevas sin contestar.
Tienes otras preocupaciones, otros objetivos y nuevas metas, y entonces llegan las ganas y las ansias de volar, de experimentar, de cometer errores, de hacer locuras, (porque a veces se necesita hacerlas para sentirse viva), ansias de libertad, de vivir sin reglas, de querer comerte el mundo sin que nadie te lo impida; Empiezan a estropearte los planes de libertad y te revelas, una y otra vez, sin obtener nada más que el imponerte a ti y a tus ideas. Empiezas a pensar un poco más en ti misma, de manera diferente. Pasa que nada a tu alrededor es como quieres que sea, que todo lo que anhelas lo ves cada día más lejos, que ya no existen los finales felices, que ya nada está en el lugar que le corresponde.
Pasa que creces, y es entonces cuando todo cambia de verdad y nada es como era antes: entras en un clima nublado constante, en el que ya no sabes si hoy lloverá, o saldrá el sol y te sorprenderá. Ellos lo llaman adolescencia, yo lo llamo frustración.
Pasa que tus sueños se mezclan con la realidad de manera homogénea y se van evaporando perdiéndose en un aire que cada vez es más denso. Pasa que no quieres más barreras, y te frustras al ver que por mucho que lo quieras, que lo intentes, que lo anheles, no desaparecen.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Dreams vs real life

(Leelo con esta canción... https://www.youtube.com/watch?v=NG2zyeVRcbs )

Te sientes triste, estás cansada, te duele la cabeza y ni siquiera los amigos que más quieres que te animen consiguen hacerlo. Miras tu imagen en la pantalla del portátil, tienes el Skype abierto y estás hablando con ellos, los miras en sus pequeñas pantallas ajena a lo que están diciendo y te alejas hasta la cama cerrando los ojos. No tienes ganas de hablar, no te salen las palabras, tus problemas se han agrupado en tu mente y apenas te dejan pensar con claridad. Te vuelves a acercar a la silla del escritorio y al portátil y les dices que vas a colgar la llamada con la excusa de que "no te encuentras bien". Los observas mirarte a través de sus pantallas con rostros indescifrables y te despides esbozando una triste sonrisa. Cuelgas y enciendes el Spotify. Le das al play a tu lista de canciones y cierras los ojos tumbada en la cama boca abajo, a la quinta canción empiezas a notar el cansancio y la tristeza golpeándote más fuerte y empieza a sonar "The Climb" de Miley Cyrus, una canción preciosa que te hace trasladarte a otro lugar en cuanto te quedas dormida, el lugar y el tiempo en el que te encantaría estar eternamente, el que añoras con tanta intensidad que duele.
Es de noche, estás a las afueras de un pueblo, en medio de un campo, llevas un vestido blanco veraniego que te llega un poco por encima de las rodillas. La luna llena brilla con una luz más brillante e intensa que muchas otras veces, parece mágica. Fijas la vista a lo lejos para observar que no estás en las afueras de cualquier sitio, son las afueras de tu pueblo, que estás viendo en la lejanía con las luces de las farolas de la calle encendidas. Sonríes y se te iluminan las pupilas. Avanzas cada vez más rápido hasta que llegas al final de una colina y frunces el ceño para poner más atención a las figuras de un grupo de personas que te está saludando gritando tu nombre con frenesí. Tampoco son un grupo cualquiera, son tu grupo, tus amigos. Notas la adrenalina subir por todo tu cuerpo y sonríes cuando distingues sus rostros; tu primo está en medio haciéndote gestos para que te acerques mientras esboza la sonrisa más sincera que has visto en tu vida y te grita "Prima, ¡ven!", inclinas ligeramente la cabeza y lo miras con ternura, a su izquierda, los chicos del grupo te hacen el mismo gesto saludándote con la mano, y a su derecha, tus amigas se abrazan y gritan eufóricas sonriendo en tu dirección. Es una imagen tan conmovedora que no puedes evitar que te caiga una lágrima. Empieza a llover con fuerza, pero eso no hace que os detengáis ni que os mováis. Te secas la cara con las manos y vuelves a poner atención en tus amigos, arqueas las cejas cuando le ves salir de detrás de tu primo y te encuentras con sus ojos, que te miran con dulzura y añoranza, te tapas la boca con las manos para ahogar un grito y empiezas a correr hasta él. Le observas dar un par de pasos hacia ti abriendo los brazos con una sonrisa de oreja a oreja y las mejillas coloradas de la emoción. Cuando estáis a escasos centímetros, sin pensártelo das un salto y le rodeas con los brazos, quedándote con las piernas alrededor de su cintura. Le abrazas con fuerza y lloras. Lloras de felicidad plena. Sientes mariposas en el estómago. Tus amigos están ahí, contigo. Él está ahí, entre tus brazos. Tú estás ahí, con ellos. Pocas sensaciones se igualan a eso. Él te abraza aún más fuerte si cabe y le besas en los labios como si hubieran pasado años desde la última vez que lo viste. Te baja al suelo y en cuanto lo hace te lanzas sobre los brazos de tu primo, que sigue sin perder la sonrisa y te besa en la mejilla diciéndote lo mucho que te ha echado de menos. Lo abrazas fuerte deseando que aquello jamás termine, abrazas también a tus amigos y después las chicas y tú os unís en un abrazo grupal lleno de lágrimas y emociones. Sobran las palabras.
Finalmente te acercas hasta él y pasa su brazo alrededor de tu cuello, los miras uno por uno a todos todavía con lágrimas en las mejillas, sonriendo de oreja a oreja y os fundís en uno de los abrazos con más sentimientos que jamás habías sentido. Un abrazo de esos que hacen que los problemas desaparezcan y nada más importe. Sólo ellos y tú. Tus amigos, tu segunda familia.
La canción de "The Climb" se va apagando cuando abres los ojos y te encuentras a ti misma en la cama, te llevas las manos a la cara y sientes que tus mejillas están húmedas al igual que tus ojos. De pronto, todo parece tan real y ficticio a la vez que te estremeces y te abrazas con tristeza.
Todo ha sido un sueño.
Tus amigas no están aquí.
Tus amigos tampoco.
Tu primo tampoco, y él, tampoco está aquí.
Entonces te das cuenta de que la vida real es mucho más extraña que tus sueños. 


lunes, 31 de agosto de 2015

Distance.

Y de repente pasa lo inesperado, lo nunca hablado, lo jamás vivido, aquello que en su día dijiste que no harías y que ahora te ves esclava de tus propias palabras, pasa que empiezas a darte cuenta de que lo peor de la distancia es echar de menos, y empiezas a replantearte si de verdad es cierto que la distancia separa cuerpos y no corazones, o tal vez el separar cuerpos, hace que se distancien los corazones. Empiezas a pensar si de verdad vas a poder soportarlo, tú que odias echar de menos a las personas que te importan, ¿cómo vas a poder llevar un tipo de relación así? No lo sabes, dudas de ti, una y otra vez, sin embargo aun así, tratas de animarte a ti misma, diciéndote que no importan los km, le tienes a él y con eso te vale, esté donde esté, pase lo que pase, y te ilusionas pensando en las próximas veces que vais a poder veros y empiezas a contar los días y a tranquilizarte mentalmente diciendo "un mes no es tanto...pasará rápido..."
Pero entonces te rompen todos tus esquemas de golpe. No va a pasar un mes, va a ser más. Se te hace un nudo en el estómago solo de pensarlo. Te tiembla el cuerpo, se te seca la boca y los músculos se te tensan. No vas a soportarlo. No puedes estar tanto tiempo sin tocarlo. No puedes. no. que no soportas echar de menos, que odias la distancia, que necesitas el cariño diario en una relación, que odias las relaciones a distancia, no vas a poder.
Y entonces empiezas a lamentarte una y mil veces, a preguntarte en qué estabas pensando cuando decidiste meterte en esto, y tú misma te respondes mentalmente, que en lo único que pensabas era en que no querías hacer tu vida sin él, y ahí empezó todo. Y eso es lo que hace que todo cobre sentido de nuevo.

Be here now.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Posdata, te quiero.

Has cambiado.
Ya no eres el mismo que eras meses atrás, cuando éramos tú y yo sin importarnos nada, cuando no éramos nada pero lo éramos todo. Ya no eres el mismo chico que me mandaba mensajes de buenos días ni el mismo chico que me pedía que me quedara hablando con él por las noches. Ya no eres el mismo que me hacía reír a través de la pantalla de mi móvil. El mismo que me abrazaba porque le apetecía, el que se me acercaba al oído para hablarme de cerca y buscaba mi mirada con los ojos. No eres el mismo que se preocupaba por mí todos los días ni el mismo que me complementaba, porque simplemente hace tiempo que ya no estás. Ya no estás en esos días en los que me siento sola, sin nadie que se preocupe por mí ni me quiera. No estás cuando lloro y necesito que me des un abrazo, no estás cuando estoy eufórica y necesito contarte algo.
Has pasado de formar parte de mi día a día, a ser una especie de capítulo bloqueado que aún no quiere terminar. Porque poco a poco, sin un motivo ni una explicación, te alejaste hasta desaparecer casi por completo de mi vida, probablemente sin saber que para mí eras imprescindible en ella.
Y así fue como entendí que yo ya no te importaba como antes lo había hecho, y empecé a dudar sobre cada palabra dicha y cada promesa sin cumplir, porque ya nada de lo que habíamos vivido, aparentemente importaba y me costaba creer que ahora todo fueran simples recuerdos que pertenecían al pasado, porque para mí siempre fuiste mi presente. Que he tenido que decirte adiós a la fuerza, sin estar preparada para soportar tu ausencia. Y que a pesar de todo, sigues sin marcharte del todo, te quedas ahí, en mi corazón y en mi vida, torturándome con este sentimiento que hace meses que me persigue y que yo tanto odio. El sentimiento de echar de menos, de echarte de menos, de echar de menos todo lo que fuimos y lo que podríamos haber sido, si hubiésemos sido.
Eres eso que me daña y me sana a la vez, a pesar de que hace tiempo que el dolor que siento es mayor al ver como te has alejado, como nos hemos ido ignorando, hasta convertirnos en dos simples conocidos, con miles de recuerdos en común.
Y que al final de cada día, echo de menos cada recuerdo y cada rastro de ti, que has sido y eres una de las mejores cosas que me han pasado, y que si alguna vez te acuerdas de mí, quiero que me recuerdes por la historia que pudimos haber sido y que te negaste a escribir.


Posdata, te quiero.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Miradas.

Miradas que lo dicen todo sin decir nada. Miradas que callan. Miradas que hablan por sí solas. Miradas intimidantes. Miradas fugaces. Miradas de ilusión. Miradas que ruegan. Miradas que desean. Miradas que irritan. Miradas que excitan. Miradas que adoran, miradas que aman sin la necesidad de decir "te quiero". Miradas que anhelan. Miradas que necesitan. Miradas que protegen. Miradas atentas. Miradas que se dispersan. Miradas que se pierden en un universo paralelo. Miradas que ayudan. Miradas que apoyan. Miradas de odio. Miradas de rabia. Miradas de celos. Miradas de resignación. Miradas frustrantes, miradas que frustran. Miradas vacías. Miradas curiosas. Miradas indiferentes. Miradas desesperadas. Miradas que ríen. Miradas que lloran. Miradas que susurran. Miradas que cuidan. Miradas que asquean. Miradas que buscas. Miradas que evitas. Miradas preocupadas. Miradas tristes, miradas felices. Miradas que pasan. Miradas que impactan, miradas que no. Miradas inolvidables, miradas que nunca recuerdas. Miradas que matan, miradas que mueren. Miradas que nacen. Miradas cansadas. Miradas seguras. Miradas que desconfían. Miradas que reviven. Miradas que se ablandan. Miradas severas, miradas tiernas. Miradas débiles, miradas fuertes. Miradas agresivas. Miradas que idealizan. Miradas ambiciosas. Miradas luchadoras. Miradas que gritan. Miradas que calman. Miradas que entienden.
Miradas de verano, miradas de invierno. Miradas frías, miradas calientes. Miradas confusas. Miradas graciosas. Miradas que sonríen, miradas serias. Miradas fogosas. Miradas apagadas. Miradas que atraen, miradas que repelen. Miradas que buscan, miradas que evitan. Miradas confiadas. Miradas que sanan. Miradas claras, miradas oscuras. Miradas en las que te pierdes, miradas de las que huyes. Miradas que se complementan. Miradas que se hablan. Miradas que se unen. Miradas que se besan. Miradas que se desean. Miradas que se ocultan.
Tu mirada, esa que entre cientos de miles, siempre será mi favorita.
 

martes, 17 de febrero de 2015

Y entonces recogiste todos los pedazos de mí. Aquellos que había perdido sin todavía saber el por qué. Sanaste muchas de mis heridas, aquellas que todavía dolían y ahora solo eran cicatrices gracias a ti. Me hiciste creer en un amor de película, en una historia de esas de los libros de finales felices. Llegaste a mi vida sin que yo te buscara y descubrí que sin ser lo que buscaba, acabaste siendo todo lo que necesito. Llegaste y quisiste conocerme, y de hecho, lo hiciste, me conociste en cuestión de pocos meses, me viste en esos días en los que estoy insoportable, me viste llorar y me abrazaste, me viste gritando muy enfadada y me dijiste que me calmara, me viste fingiendo que no me importabas y aún así, sigues aquí.
Has curado todas mis heridas y también me has originado otras tantas. He sentido el miedo a perderte, constantemente lo siento. He sentido impotencia, impotencia al querer y no poder, querer comerte a besos y recordarte que te quiero todos los días, y no, no puedo hacerlo. He sentido que el mundo se me derrumbaba con una palabra, una simple acción de indiferencia, la más mínima señal que me hacía creer que te alejabas. He sentido mariposas en el estómago al verte acercarte desde lejos, y un zoológico entero mientras hablaba contigo de cerca. He sentido ese nudo en la garganta al tenerte a centímetros y no poder besarte, me he sentido confusa, con tus pensamientos y con los míos propios. He tenido ganas de pegarte y luego curarte. He llorado y he gritado.
Y de nuevo vuelve la impotencia, la impotencia al querer estar contigo y no poder, impotencia al no entender por qué no puede haber un nosotros, si en secreto, a nuestra manera, los dos sabemos que ya lo hay. Que me distraigo pensando en el tacto de tus manos o el calor de tus abrazos y me ausento cuando pienso en como sonríes cuando estás conmigo, o más bien, como sonrío yo cuando estás cerca... y es que no hay sonrisa más verdadera que la mía cuando es por ti.
Que necesito sentir que a pesar de tantos baches no te vas a ir. Que pocas cosas me han dolido tanto como lo haces tú, pero a su vez pocas cosas me hacen tan feliz como lo haces tú, aún sin ser nada, para mí siempre lo seremos todo.
Y supongo que hemos construido una historia y la hemos hecho nuestra, con sus pros y con sus contras, con sus bajones y sus subidas, pero siempre sin dejar de ser nuestra. Que podemos estar rodeados de mucha gente, pero en realidad solo estamos los dos, tú conmigo y yo contigo, aunque separados, después de todo.


viernes, 30 de enero de 2015

"La cruda realidad"

Sientes como si de repente la realidad te golpeara de la peor de las maneras. Y quieres gritar, quieres huir, quieres desaparecer aunque solo fuera por unos instantes en los que nada doliera como lo hacía aquello. Quieres golpearle, golpearle fuerte aunque luego te arrepintieras como posiblemente lo hará él. Una vez más eres esa tonta que siempre ha creído en los cuentos de hadas que tienen un final feliz, y ahora te has dado cuenta de que los finales felices solo existen en las películas, esa ingenua inocente a la que todo el mundo puede dañar. Te sientes frágil y estúpida. Sobretodo estúpida. Piensas en como ha podido ser que te hiciera sentir tanto, que realmente te hiciera pensar que podrías ser feliz con alguien que te complementa de verdad, porque a pesar de todo, él había logrado llenar ese vacío dentro de ti. Ese vacío que sentías en tu corazón desde hacía tanto tiempo que ni lo recordabas. Fue capaz de ver bonitos, rasgos de tu físico que tú odiabas con todas tus fuerzas, capaz de decirte que eras bonita tal cual, capaz de hacer desaparecer el mundo que te rodea solo con una sonrisa, capaz de generar un sentimiento tan inmenso dentro de tu corazón, ese que ahora se estaba rompiendo. Tampoco podías explicarte como había podido hacerte tanto daño, después de todo lo vivido, todo lo dicho y lo interpretado con miradas que lo dicen todo sin decir nada. Y llegados a este punto tu cabeza te dice que renuncies y te alejes, mientras tu corazón te pide a gritos que te mantengas firme en tu lucha, que no decaigas, que no te rindas, que demuestres que eres más fuerte de lo que todos se piensan, que no eres esa niña tonta y frágil, aunque en muchas ocasiones te sientas así.

viernes, 23 de enero de 2015

the beginning.

Y entonces te paras a pensar en qué momento comenzó todo y simplemente lo recuerdas. Lo recuerdas a él. Recuerdas la primera vez que tus mejillas rozaron las suyas. Recuerdas cada frase que dijo y cada sonrisa que te provocó con cualquier comentario. Recuerdas esa sensación de comodidad cuando apenas acababas de conocerle. Era tu amigo, no había nada más. Ni siquiera habías hablado con él personalmente hasta ese momento y ese día. Lo que nunca habrías imaginado es que ese chico, tal vez estaba predestinado a cambiar tu vida y por eso apareció en ella, poniéndolo todo patas arriba. Empiezas a recordar como le fuiste conociendo cada vez más, y como iba gustándote lo que ibas conociendo. Sonríes al recordarlo. Te acuerdas de cada momento, cada sonrisa, cada lágrima y cada abrazo, de como poco a poco, dos completos desconocidos comenzaron a ser algo indefinido. Porque realmente no eráis amigos, no, tampoco eráis novios, eráis ese pequeño intermedio que dolía en lo más hondo. Y tanto que dolía... recuerdas también como empezó a dolerte, no fue algo que pudieras haber elegido, simplemente de un día para otro tu forma de mirarle había cambiado, tus ojos ya no eran los mismos ojos con los que una amiga mira a su amigo y le dice que es idiota, ahora eran los típicos que se iluminan al perderse en las pupilas de alguien especial. Porque sin duda él era especial para ti, tal vez tardaste un tiempo en averiguar en que proporción lo era, el mismo tiempo que te costó darte cuenta de qué en un momento dado, si alguien fuera a dispararle, tú te pondrías en medio.
Después llegó el miedo. El miedo a perderle. Ese temor que te rondaba por el pensamiento día sí y día también, porque a pesar de todo nada garantizaba que no se fuera a marchar. El miedo a que te olvidara, aunque en el fondo sabías que nunca lo haría, porque él te quería, no tenías idea de cuánto, ni siquiera él mismo lo sabía. Y esa incertidumbre también dolía, dolía como si te estuvieran apedreando, sin embargo llegaste a la conclusión de que rendirse no era una opción y no ibas a ceder mientras hubiera una mínima esperanza, y la había. Estabas segura en un 90% de que la había, así que decidiste seguir conociendo más, hasta que empezabas a amar sus defectos casi tanto como lo amabas a él. Te sacaba de quicio como pocas personas lo hacían, pero sabía como hacer que te calmaras. Sabía que hacer o decir para enfadarte y a veces lo ponía en práctica. La cagaba como nadie y luego lo arreglaba como ninguno... también sabía lo que te gustaba y lo que no. Sabíais tantas cosas el uno del otro que tal vez podríais escribir un libro autobiográfico sobre la vida de cada uno. Teníais tantas cosas en común que a veces te preguntabas donde había estado durante todos estos años de tu vida. Él era esa típica persona con la que puedes pasarte horas hablando de cualquier cosa, lo que sea, nunca era aburrido, la típica persona con la que no puedes estar más de tres días sin hablar, esa persona que llega a tu vida y te saca de la rutina, de la monotonía de los días tristes en los que no te entiendes ni tú y de la frustración de los días de estrés en los que no puedes dar más de ti. Bastaba con un simple mensaje o un abrazo. Aparentemente todo era perfecto, pero dolía, dolía tanto que en múltiples ocasiones te planteaste tirar la toalla y dejar de luchar, tanto que en algunos momentos has querido darle un puñetazo y luego curarle. Y es que a pesar de todo, no estabais juntos, no lo estáis y ni siquiera tienes claro que vayáis a estarlo algún día, y aún así, todavía sonríes al recordar en qué momento exacto comenzó todo.

tú eres mi final feliz.