sábado, 9 de septiembre de 2017

Septiembre y no estás.

Otra noche más de esas en las que me cuesta conciliar el sueño y miles de pensamientos rondan por mi cabeza una y otra vez en bucle...
Otra noche más me hallo en la cama mirando el cielo y buscándote en las estrellas a través de mi techo. Me acuerdo de ti todos los días, pero hoy es uno de esos días en los que tu recuerdo está más presente que de normal, y no es que hoy sea el día, es que todos los días son el día que más te echo de menos.
No es porque sea hoy, sábado. Quizá es porque ya es septiembre.
Quizá tengo sentimientos encontrados que me llenan el corazón de nostalgia y las mejillas de lágrimas. Septiembre.
El mes de los comienzos. El mes para hacer cosas nuevas, para partir de 0. El mes de los cambios. El mes de los pantalones cortos y las sudaderas combinadas. El mes de la vuelta a clase. El mes de la lluvia. El mes del otoño.
El mes perfecto para cumplir la mayoría de edad. 
Y no, tú no estás. Y quizá ese sea el motivo por el cual el mes de septiembre no es solo mío, es mío y tuyo, es nuestro.
Porque siempre te llevo presente dentro de mí y aunque no pueda verte me gusta pensar que tú a mí sí. 18 años y tú no estás.
¿Qué pensarías de mí si me vieras ahora? ¿Estarías orgulloso? No lo sé. Solo espero que no estés muy decepcionado por mis últimas y pésimas decisiones, estoy aprendiendo. 
18 años y 5 sin ti, y todavía me pesan los días como si te hubieras ido justo ayer. Tu recuerdo está tan presente en mi memoria que todavía me parece que escucho tu voz susurrándome te quiero a estas altas horas de la madrugada.
Gracias porque aunque te hayas ido nunca me he sentido sola. Siempre te he sentido a mi lado.
Pero hoy estoy triste. Hoy y el resto de días del mes de septiembre.


Mi mayoría de edad y no puedes ver en quién me he convertido, no te imaginas cuánto me duele.
No olvides que desde que te fuiste, cada 22 de septiembre no ha sido solo mío, siempre ha sido y será nuestro, tuyo y mío. Es por esto que este 22 de septiembre soplaré una de las dos velas que formen el número 18, con tu expresión de orgullo grabada en mi mente como si al cerrar los ojos y al pedir mi deseo, pudiera verte justo ahí, sentado en la mesa sonriente y feliz de verme cumplir un año más.






No es otra noche más,
es una noche de septiembre.
Y yo siempre me acuerdo de ti todas las noches, yayo.