domingo, 1 de octubre de 2017

Querido diario...

Querido diario:


He conocido a alguien. Alguien diferente pero similar al resto al mismo tiempo.
Alguien que no tiene miedo al qué dirán.
Alguien que no se preocupa por si algo sale mal o no, simplemente se centra en hacerlo.
Alguien que va (iba) dando tumbos por la vida hasta que me encontró.
Y qué bonito cuando encuentras a alguien que te hace entender que quizá la vida se trata de disfrutar más y de preocuparse un poquito menos.
Querido diario... he conocido a un chico. Un chico malo de esos que parece sacado de una película y que siempre acaba enamorándose de la chica más inocente. Un chico que me hizo parecer un corderito a punto de ser cazado por un león, y que a día de hoy me ha dado la fortaleza necesaria para hacerme sentir también un depredador, como él.
Un chico de esos que no vive preocupado por los horarios, de esos que entran en tu vida sin que puedas evitarlo y te trastocan todos los planes. Un chico de esos que te tumba los esquemas y te ayuda a construir otros nuevos, de esos que vuelan tan rápido como las balas y que si los calas, están dispuestos a llevarte con ellos.
Y así fue.
Le he conocido como dos aventureros pueden conocer una tierra nueva. En todos los idiomas, en todos los rincones, en todas las facetas, en todos los lugares en los que nunca se quiere entrar pero por curiosidad acabas entrando. Y es que querido diario, no se trató de mucho más. Fue simple curiosidad lo que me llevó a encontrarme con aquellos ojos color chocolate que en aquel entonces no paraban de mirar a todas partes y que a día de hoy solo me miran a mí.


Éramos solo dos extraños deseando descubrirnos, yo tan Sol y él tan Luna, tan diferentes y tan complementarios al mismo tiempo, tan necesarios para la existencia del otro, tan imprescindibles, tan capaces de leernos la mente con una mirada y de terminar en los mismos cinco segundos la primera vez. Él tan oscuro como la noche y tan brillante como la Luna, yo tan radiante como el Sol y tan monótona como el cielo.
Querido diario... he conocido a alguien capaz de llevarme a cualquier lugar del mundo solo con rozarme con la yema de sus dedos.
Alguien capaz de llevarse mis demonios y quedárselos él. Alguien que interpreta mis miradas y comprende mis enfados. Alguien incapaz de confundir mi tristeza con mi cansancio. Alguien capaz de arrancarme la ansiedad en un suspiro ahogado en un beso. O en dos. O en todos los que sean.
He conocido a alguien que me ha hecho volver a creer en el amor, alguien que me ha ayudado a resurgir de mis cenizas como el ave fénix, un chico que me ha hecho entender que el mejor amor no es el primero, es el segundo, porque es el que te hace volver a ver luz donde todo estaba negro.
No te voy a mentir, no es un príncipe Azul de cuento de hadas que vino a rescatarme de mi torre en su caballo blanco, él es más bien un chico de barrio que llevaba una camisa y unos vaqueros e intentó entrarme en una discoteca una noche cualquiera de diciembre. No lleva caballo, le gusta ir a pie.
A mí me encanta.
Es uno de esos chicos que te inquieta y te calma con una sola mirada, uno de esos chicos que estalla como la Coca-Cola recién agitada, el típico chico malo y yo la típica niña buena, destinados o condenados a encontrarnos.
Él me enseña a disfrutar un poco más y me coge la mano para andar a mi ritmo. Y a cambio yo le enseño a ir un poco más despacio y a que vea las pequeñas cosas del día a día.
Como por ejemplo lo bonito que es vernos dormir durante una tarde entera, lo simple y complejo que resulta conectar con una sonrisa, lo valioso de las miradas y las caricias, la inmensidad de un te amo susurrado entre gemidos.
Es por todo esto que sé que he conocido a una de esas personas que te enseñan lo que se siente cuando amas y eres amado por igual, en resumidas cuentas, he conocido a alguien que hacía mucho tiempo que andaba buscando sin saberlo.
Alguien que una vez te engancha, no quieres volver a soltar jamás.




 

sábado, 9 de septiembre de 2017

Septiembre y no estás.

Otra noche más de esas en las que me cuesta conciliar el sueño y miles de pensamientos rondan por mi cabeza una y otra vez en bucle...
Otra noche más me hallo en la cama mirando el cielo y buscándote en las estrellas a través de mi techo. Me acuerdo de ti todos los días, pero hoy es uno de esos días en los que tu recuerdo está más presente que de normal, y no es que hoy sea el día, es que todos los días son el día que más te echo de menos.
No es porque sea hoy, sábado. Quizá es porque ya es septiembre.
Quizá tengo sentimientos encontrados que me llenan el corazón de nostalgia y las mejillas de lágrimas. Septiembre.
El mes de los comienzos. El mes para hacer cosas nuevas, para partir de 0. El mes de los cambios. El mes de los pantalones cortos y las sudaderas combinadas. El mes de la vuelta a clase. El mes de la lluvia. El mes del otoño.
El mes perfecto para cumplir la mayoría de edad. 
Y no, tú no estás. Y quizá ese sea el motivo por el cual el mes de septiembre no es solo mío, es mío y tuyo, es nuestro.
Porque siempre te llevo presente dentro de mí y aunque no pueda verte me gusta pensar que tú a mí sí. 18 años y tú no estás.
¿Qué pensarías de mí si me vieras ahora? ¿Estarías orgulloso? No lo sé. Solo espero que no estés muy decepcionado por mis últimas y pésimas decisiones, estoy aprendiendo. 
18 años y 5 sin ti, y todavía me pesan los días como si te hubieras ido justo ayer. Tu recuerdo está tan presente en mi memoria que todavía me parece que escucho tu voz susurrándome te quiero a estas altas horas de la madrugada.
Gracias porque aunque te hayas ido nunca me he sentido sola. Siempre te he sentido a mi lado.
Pero hoy estoy triste. Hoy y el resto de días del mes de septiembre.


Mi mayoría de edad y no puedes ver en quién me he convertido, no te imaginas cuánto me duele.
No olvides que desde que te fuiste, cada 22 de septiembre no ha sido solo mío, siempre ha sido y será nuestro, tuyo y mío. Es por esto que este 22 de septiembre soplaré una de las dos velas que formen el número 18, con tu expresión de orgullo grabada en mi mente como si al cerrar los ojos y al pedir mi deseo, pudiera verte justo ahí, sentado en la mesa sonriente y feliz de verme cumplir un año más.






No es otra noche más,
es una noche de septiembre.
Y yo siempre me acuerdo de ti todas las noches, yayo.

domingo, 7 de mayo de 2017

Mi hogar.

Hoy quiero dedicarle estas líneas al pilar más grande que sujeta mi vida, la persona que me trajo al mundo y me quiso incluso antes de que llegara a existir.
Mamá, hoy me gustaría agradecerte tantísimas cosas que sería imposible acabar, lo sabes todo porque aunque a veces fallo, me encargo de demostrártelo todos los días.
Sabes que ante todo eres una amiga para mí, y eso es lo más valioso y no te imaginas lo que me llena eso, aunque no estés de acuerdo con la mayoría de las decisiones que tomo, aunque no te guste el rumbo que le doy a mi vida, siempre estás ahí. Y no importa las veces que me caiga al suelo, siempre estás ahí para levantarme y de verdad que ojalá queden muchísimos años para decirte adiós porque yo sin ti no sé qué haría.
Gracias por darme tu opinión y por reírte conmigo, por viciarte conmigo a las series, por hacer que me sienta menos culpable de cualquier cosa, por confiar en mí cuando yo no lo hago, por intentar entenderme y por respetar, aunque a regañadientes, las decisiones que tomo. Por repetirme lo mismo 80 veces sabiendo que al final seguramente no te haga caso, y seguramente me pegaré la ostia y vendrás y me dirás "te lo dije" y mira que odio que me digas "te lo dije", pero después de decírmelo me abrazas y te prometo que cuando me abrazas me siento tan segura como aquel bebé recién nacido que tenía los ojos como platos.
Porque mami eres amiga, eres compañera, eres consejera, eres psicóloga, eres dietista, eres amor puro, eres fuerza, pero sobretodo eres HOGAR. 

Feliz día de la madre mamá, como tú no hay otra igual.
Te quiero hasta el infinito y más allá.



Gracias.

domingo, 23 de abril de 2017

Querido nuevo amor...

Hoy me dirijo directamente a ti por primera vez.
Sí, a ti, querido nuevo amor, si se te puede llamar así. Ya tardabas en protagonizar uno de mis textos.
No pretendo que digas nada, tampoco que cambies nada. No podría cambiar por mucho que lo intentásemos. Hoy simplemente me dirijo hacia ti porque quiero que sepas como me siento y porque no creo que sea capaz de decírtelo nunca, pero dueles. Sí, finalmente dueles.
Empezó siendo como una ligera molestia que poco a poco se convirtió en un picor irritante y ahora ha hecho herida y está empezando a ser cada vez más dolorosa.
Me dueles, amor, y no, no es culpa tuya. Sé que no es culpa tuya. No pretendo recriminarte nada, esto es solo un pequeño rincón de mi mundo en el que me gusta almacenar mis pensamientos...
Pero te quiero. A pesar de todo te quiero. No sabría decir en qué grado ni en qué nivel, pero sé que daría muchas cosas por ti y que me gustas. Me gustas mucho. Y cuando digo que me gustas no me refiero a que me gustas como me puede gustar una blusa rebajada del pull&bear; me gustas como un primer baño de verano, como un rayo de sol en los días fríos de invierno, como el helado de dulce de leche, o como el dulce de leche sin más.
Y qué caprichoso el destino, que te puso en mi camino para que cambiaras mi vida y luego, ¿qué? El destino que te puso en mi vida para hacerme creer que podías ser mi futuro, y una vez lo creí, choqué contra la realidad. Decepción. Esa fue la palabra. Eso fue lo que sentí.
Me dolió, a pesar de que ya sabía lo que dirías, eso no disminuyó mi dolor, solo amortiguó un poco más la caída. Y a pesar de que sabía que iría de mal en peor, a pesar del miedo que tuve de caer y que fuera peor, no pude hacer nada por evitarlo. Todavía no sé luchar contra mis sentimientos y dudo que algún día pueda aprender a hacerlo.
Duele.
Duele sentir que no soy prioridad, que nunca seré prioridad.
Duele verte sentir por otras personas.
Duele verte besar a otras personas.
Duele ver marcas en tu piel que no son mías.
Duele que estés tan lejos.
Duele que me mires como miras a cualquiera, mientras yo te estoy mirando como si la tierra la sostuvieras tú.
Y te escribo esto con lágrimas en los ojos como otro día cualquiera, y te preguntarás por qué todavía no había escrito sobre ti y yo te respondería que no me salían las palabras. A veces pasa. Pasa que no sé qué decir ni qué escribir, que ni siquiera sé cómo sentirme, o cómo dejar de sentir.
Sé lo que estás pensando, te conozco muy bien. Y tú a mí también. Sin embargo, creo que todavía no eras consciente de cuánto me gustas. De verdad que sé que no es culpa tuya, no puedes elegir de quién enamorarte, nadie puede.
Y ojalá pudieras, ambos sabemos lo bonito que sería, y joder, qué impotencia.
Qué capricho del destino que dos almas tan complementarias tengan que estar separadas.
¿Sabes? Yo no creía en las almas gemelas, ni en medias naranjas, incluso dejé de creer en el amor verdadero. Y entonces llegaste tú, y encontré en ti todo lo que siempre estuve buscando antes de que alguien llegara y tirara abajo todos mis esquemas. Llegaste tú y recuperé la esperanza en el amor, y empecé a creer en las almas gemelas porque encontré la mía dentro de ti.
¿Y para qué? Es la pregunta que resuena en mi cabeza desde hará un par de meses. ¿De qué sirve encontrar a tu media naranja si tienes que ver como se exprime con otras? ¿Para qué quieres encontrar a tu alma gemela si tienes que ver como busca fundirse con otras?
Estoy perdiendo la ilusión otra vez, creo que ya la he perdido. Y lo siento. No es culpa tuya, por favor, no te eches la culpa, tampoco te enfades conmigo. Nadie tiene la culpa. Quizás el destino, que no hace más que ponerme pruebas y dejar que me quede atascada en ellas.
No tengo claro qué siento exactamente pero si de algo estoy segura es de que ha sido un gran placer encontrarte y volver a sentir contigo. Por esto te doy las gracias y siempre será así, porque haces de mis montañas granos de arena y nunca al revés y eso para mí es magia.

Siempre nuestros, sin llegar a ser.



martes, 28 de marzo de 2017

Liberté

Hoy vengo a decirte que tu vida es tuya. Solo tuya. 

¿Qué es la libertad? Según la definición que nos da la wikipedia, es la capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad de la persona. Esto implica que el ser humano es libre por derecho de decidir qué quiere hacer y qué no, de decidir dónde quiere estar y dónde no, qué es lo mejor para él y que no piensa tolerar. 
Sé que parece algo obvio, es obvio que nuestra vida es nuestra, pero a la vez no. A la vez en la práctica es algo más complejo. Siempre nos encontramos con aquellos que pretenden tomar el control de ella diciéndote qué tienes que hacer y que no. No les dejes. Eres libre de tomar tus propias decisiones, el resto del mundo puede opinar pero nunca decidirá por ti.
Sé consecuente con tus actos y piensa los pros y los contras de cada decisión que vayas a tomar, pero sobretodo haz lo que te diga tu corazón. Estamos en edad de cometer errores al fin y al cabo. Es más, no hay una edad para cometerlos, todos la cagamos alguna vez y no por eso somos peores personas, de ello se aprende y se gana experiencia.
Nuestra vida nos pertenece por derecho, y por ello tenemos el derecho a ser libres. La libertad existe y depende de ti conseguir alcanzarla. No es algo imaginario o superfluo, es real. Y quien te diga lo contrario, miente. Por esto no debes acatar nada si no estás conforme con ello, pide opinión, no permiso. Nunca me ha gustado que intenten controlar mi vida, mi vida es mía y yo decido por mí misma.
Sal afuera, viaja, vive, compra, ahorra, haz locuras, ríe, llora, besa, ama, pero por encima de todo, sé libre.
La libertad no debería ser solo para unos pocos.


sábado, 25 de marzo de 2017

¡Hola!

Bueno chicos, voy a modificar un poco el diseño de mi blog ya que llevo mucho tiempo con el mismo, también voy a intentar ser más constante a la hora de subir cositas (aunque ya sabéis que luego escribo cada mil décadas, pero es por el curso, en serio), deciros que agradezco un montón a los que todavía me leéis, sois un pedacito de mí. 
A los que no y simplemente os paséis por aquí, animaros a formar parte de mis pensamientos plasmados. 
¡Gracias!


Una historia sin final feliz.

Y sin esperarlo llega otra persona, un segundo candidato a romperte el corazón, la única persona que después de tantos meses consigue hacer que te olvides de todo, y joder, qué bien sienta que alguien haga desaparecer tu dolor, que alguien te haga olvidarte del ruido.
Y qué bonito es poder perderme en sus ojos claros como pensé que nunca podría volver a perderme en otros que no fueran esos color café. Me hacía sonreír. Y en aquel momento era lo único que pedía. Alguien que me sacara del agujero aunque solo fuera por un instante, alguien capaz de reconstruir mis ruinas, las ruinas que dejaste, y así lo hizo, y lo mejor es que lo hizo sin darse cuenta, sin saberlo, sin pedir nada a cambio, sin hacerme daño.
Tuve miedo. Tuve miedo de dejarle entrar cuando mi pasado todavía no había salido. Tuve miedo de dejarle entrar y que no saliera bien.
Entonces me di cuenta de que la chica que lo arriesgaba todo para ganar ahora tenía miedo a arriesgar. Me di cuenta de que me había convertido en todo aquello que una vez odié y lo peor es que no me importó. Lo acepté y seguí adaptándome a esta nueva yo a pesar de que nadie parecía estar del todo conforme con ella.
Intenté evitar que entrara y me gusta pensar que por un corto período de tiempo lo conseguí, sin embargo, acabó entrando, librándose una batalla dentro de mí entre mi pasado, al que tanto anhelaba, y mi futuro, al que tanto ansiaba.
Poco después te diste cuenta de que no era una batalla porque ninguno de los dos estaba compitiendo y eso también dolía mucho. Estabas sola en la lucha. Una lucha contra la realidad y sobretodo una lucha contigo misma.
Asumiste a los meses que debías dejar ir a tu pasado y aquello te costó y te dolió mucho más de lo que habían dolido los meses anteriores, a pesar de que todos te decían que era lo mejor, te estabas consumiendo. Finalmente le dejaste ir.
Aparentemente tu mente le soltó pero tu corazón todavía lo echa de menos. Tu corazón todavía sufre cuando le ve con otra, cuando ve que hace su vida sin ti. Cuando siente que no puede hacer nada porque ya se ha ido, ya no te necesita, porque ya no te quiere aunque una vez pensaste que nunca dejaría de hacerlo, así como tú nunca dejarás de quererle a él.
Sabías que no le olvidarías jamás pero también sabías que igual que él hacía su vida tú también debías hacer la tuya y así lo hiciste. O lo intentaste. Te lanzaste al vacío con tu futuro y las puertas se volvieron a cerrar de golpe con llave. Ya no quedaba nada, tu pasado se había ido, tu futuro no quería que formaras parte de él como tú querías y tu presente era una mierda.
En resumidas cuentas, ya prácticamente nada te hace ilusión y sabes que es más culpa tuya que de nadie, estás enamorada de tu pasado que ya ni siquiera te tiene presente y sientes y quieres a tu futuro, pero él no quiere que formes parte de él. Tu vida académica te está consumiendo y nada está como quieres que esté.
Así que aquí estamos, una lucha contra el mundo que a su vez es una batalla contra ti misma, eres tan autodestructiva que has pensado en alejarte de todos por un tiempo para no dañarlos, porque sabes que eres como un huracán que arrasa con todo a su paso, porque sabes que ya les has hecho daño otras veces y que aunque ellos cometieran errores contigo en el pasado, no se lo merecen.
La única persona que podía salvarte es la misma que te dejó caer y la única que ahora puede sacarte, no lo va a hacer.
Y tú ya no eres tú, y ya no sabes cómo volver a serlo.