Alguien que no tiene miedo al qué dirán.
Alguien que no se preocupa por si algo sale mal o no, simplemente se centra en hacerlo.
Alguien que
Y qué bonito cuando encuentras a alguien que te hace entender que quizá la vida se trata de disfrutar más y de preocuparse un poquito menos.
Querido diario... he conocido a un chico. Un chico malo de esos que parece sacado de una película y que siempre acaba enamorándose de la chica más inocente. Un chico que me hizo parecer un corderito a punto de ser cazado por un león, y que a día de hoy me ha dado la fortaleza necesaria para hacerme sentir también un depredador, como él.
Un chico de esos que no vive preocupado por los horarios, de esos que entran en tu vida sin que puedas evitarlo y te trastocan todos los planes. Un chico de esos que te tumba los esquemas y te ayuda a construir otros nuevos, de esos que vuelan tan rápido como las balas y que si los calas, están dispuestos a llevarte con ellos.
Y así fue.
Le he conocido como dos aventureros pueden conocer una tierra nueva. En todos los idiomas, en todos los rincones, en todas las facetas, en todos los lugares en los que nunca se quiere entrar pero por curiosidad acabas entrando. Y es que querido diario, no se trató de mucho más. Fue simple curiosidad lo que me llevó a encontrarme con aquellos ojos color chocolate que en aquel entonces no paraban de mirar a todas partes y que a día de hoy solo me miran a mí.
Querido diario... he conocido a alguien capaz de llevarme a cualquier lugar del mundo solo con rozarme con la yema de sus dedos.
Alguien capaz de llevarse mis demonios y quedárselos él. Alguien que interpreta mis miradas y comprende mis enfados. Alguien incapaz de confundir mi tristeza con mi cansancio. Alguien capaz de arrancarme la ansiedad en un suspiro ahogado en un beso. O en dos. O en todos los que sean.He conocido a alguien que me ha hecho volver a creer en el amor, alguien que me ha ayudado a resurgir de mis cenizas como el ave fénix, un chico que me ha hecho entender que el mejor amor no es el primero, es el segundo, porque es el que te hace volver a ver luz donde todo estaba negro.
No te voy a mentir, no es un príncipe Azul de cuento de hadas que vino a rescatarme de mi torre en su caballo blanco, él es más bien un chico de barrio que llevaba una camisa y unos vaqueros e intentó entrarme en una discoteca una noche cualquiera de diciembre. No lleva caballo, le gusta ir a pie.
A mí me encanta.
Es uno de esos chicos que te inquieta y te calma con una sola mirada, uno de esos chicos que estalla como la Coca-Cola recién agitada, el típico chico malo y yo la típica niña buena, destinados o condenados a encontrarnos.
Él me enseña a disfrutar un poco más y me coge la mano para andar a mi ritmo. Y a cambio yo le enseño a ir un poco más despacio y a que vea las pequeñas cosas del día a día.
Como por ejemplo lo bonito que es vernos dormir durante una tarde entera, lo simple y complejo que resulta conectar con una sonrisa, lo valioso de las miradas y las caricias, la inmensidad de un te amo susurrado entre gemidos.
Es por todo esto que sé que he conocido a una de esas personas que te enseñan lo que se siente cuando amas y eres amado por igual, en resumidas cuentas, he conocido a alguien que hacía mucho tiempo que andaba buscando sin saberlo.
Alguien que una vez te engancha, no quieres volver a soltar jamás.

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