viernes, 17 de junio de 2016

Como una montaña rusa.

Y aquí estamos otra vez. Tú conmigo y yo contigo. Juntos pero separados. Separados pero juntos. A veces a centímetros, otras a kilómetros, y otras separados por un gran abismo entre ambos. A veces riendo, a veces llorando. Unas veces en lo más alto, otras pidiendo a gritos que nos saquen del hoyo.
Es entonces cuando aprendes que el amor es algo así como una montaña rusa; en ocasiones estás arriba tocando el cielo con los dedos, y en otras muchas estás abajo sintiendo que te vas a caer.
Por eso hoy te dedico esta entrada, una de tantas que te he dedicado y una de tantas que me quedan por dedicarte y, ¿por qué? No lo sé, nunca encuentro el por qué. ¿Realmente lo hay? Tampoco lo sé. Sólo sé que te escribo estas líneas porque te quiero. Sin más y porque sí. Porque sin ti, nada es igual.
Porque confieso que a veces no sé que hacer contigo, pero tampoco sé qué hacer sin ti.
Porque sin ti me siento perdida, porque todas las historias de amor me suenan a lo mismo, porque los finales felices si tú no estás para mí no existen, porque el futuro se ve mucho más gris si pienso que algún día abriré los ojos y no estarás en él, porque cuando no deja de llover, entre todo el ruido ahí estás tú. Con esa sonrisa y esos ojos color café tan intenso. Y me miras. No dices nada pero me miras y clavando tu mirada en mí me lo estás diciendo todo. Y los dos lo sabemos. Entonces corro hacia ti como si hubiesen pasado 10 vidas desde la última vez que te tuve entre mis brazos y te alcanzo. Te alcanzo y la lluvia cesa como por arte de magia. Me dices que me has echado de menos y yo me estremezco bajo tu tacto porque si supieras la falta que me has hecho durante todo ese tiempo, no te lo creerías. Te quiero porque cuando parece que te has ido siempre regresas, te quiero porque no importa qué pueda distanciarnos, qué problemas puedan haber entre nosotros, la longitud del abismo o la cantidad de km que nos separen, siempre me demuestras que nos necesitamos como el ying siempre necesitará a su yang. Te quiero porque a veces te odio y te odio porque te quiero. Te quiero porque eres tu con tus más y tus menos, con tus más menos que más, pero que son tuyos al fin y al cabo. Te quiero porque si pienso que todo está perdido ahí estás tú, te quiero porque si el mundo acabara mañana me subiría en el primer tren que saliera de Valencia y me presentaría en tu casa. Te quiero con tu falta de romanticismo y tu poca cordura. Te quiero porque eres mi inyección de adrenalina, porque sacas lo mejor de mí, porque adoro quién soy cuando estoy contigo. Porque tus enfados complementan los míos, porque por ti me recorrería el mundo entero a la pata coja si te hiciera falta. Porque si tu me dices ven yo lo dejo todo, y esperaría 100 vidas hasta que me dijeras ven. Porque me fallaría mil veces a mí por no fallarte a ti, porque haces que me quiera de verdad y me sienta bien conmigo misma. Te quiero porque eres tú en tu esencia, porque te mataría a besos y te ahogaría a base de abrazos. Te quiero por las conversaciones sin sentido. Te quiero por lo que tú y yo tenemos y el resto ni se imagina, por lo que solo entendemos nosotros. Por querernos a nuestra manera, porque te quiero con toda mi alma, por sacarme sonrisas hasta cuando no quiero sonreír, por aceptarme como soy y decirme que así te gusto. Te quiero por hacerme sentir la chica más feliz del mundo con solo una caricia, con un "te quiero", con un beso, con un simple gesto. Te quiero sin querer, y aun cuando no haces nada para que así sea. Te quiero te lo merezcas o no, llores o rías, te quedes dormido en mi pecho o me dejes a mí dormir en el tuyo. Te quiero en cada rincón del mundo, en cada canción triste y en todas las alegres que me recuerdan a ti.  Te quiero porque te miro dormir y siento que si el destino o la vida deciden apartarte de mi camino otra vez no sé lo que haría. 
Te quiero cuando vienes y te vas, cuando te vas pero siempre vuelves, cuando reconoces tus errores y cuando antes te matan que admitir que la has cagado. Te quiero conmigo, siempre conmigo. Te quiero porque la vida se ve mucho más bonita si camino de tu mano, porque tus dedos encajan a la perfección con los míos, por las caricias en la espalda, en la tripa, en los brazos, en la cara, en los labios, los besos en el cuello, los besos en la frente, los besos inesperados y los que siempre estoy buscando. Los besos que me rechazas para luego venir a buscarlos, los besos que me pides o los que no te apetece darme pero al final siempre cedes. Te quiero por quererme a tu manera, esa que solo entendemos tú y yo. Por hacerme sentir segura. Te quiero porque conoces todos y cada uno de mis defectos por dentro y por fuera y sigues aquí, porque has estado en mis tormentas y tempestades, en mis mareas y mis calmas, en mis bailes sin sentido y mis gallos al cantar, porque conoces lo peor de mí, ese lado que no todo el mundo conoce y aún así, nunca te vas. Te quiero y te odio a la vez por ser la única persona capaz de romperme y volver a unirme. 
Te quiero porque si tú no estas los días me pesan como si fueran años, porque si desapareces una parte de mí se va contigo. 
Por ser una de las mejores cosas que me han pasado y por todo lo vivido, porque no quiero que te vayas nunca y porque voy a demostrarte que estar conmigo es lo mejor que te ha pasado a ti también.
Por las lágrimas y las sonrisas, las bromas y los te quiero, los enfados y las reconciliaciones, por ser la persona que me ha hecho encontrar una nueva yo, por hacerme madurar y por hacerme experimentar todo aquello que pensé que nunca experimentaría. 
Cuando me preguntan por qué te quiero, siempre suspiro y respondo que no lo sé. No es verdad, lo sé y lo tengo presente todos los días, me lleves a la cima o me tires al suelo, te quiero y ha sido, es y será así mucho tiempo. Gracias por ser la persona que hace más bonitos mis días, por hacerme creer que todo lo malo siempre trae algo bueno y por hacerme vivir una historia de amor que aunque no es exactamente como yo la he imaginado toda mi vida, me llena mucho más. Gracias por demostrarme que se puede estar unido estando lejos y por enseñarme, al contrario, que también se puede estar distante estando a centímetros, por hacerme más fuerte y más valiente, por no rendirte o intentar no hacerlo, por creer en mí y por hacerme ver que los polos opuestos sí se atraen, y mucho, además.

Te vayas o te quedes, siempre serás tú y te querré siempre por ello.  

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